miércoles, 22 de octubre de 2014

LOS CONQUISTADORES DE LO INÚTIL


En los albores del siglo XX, el montañismo se implantó definitivamente como disciplina deportiva en la sociedad. Con anterioridad, escaladores ilustres ya habían conseguido grandes gestas en altas montañas del planeta: Mummery, Whymper o el Duque de los Abruzzos son buenos ejemplos.

Sin embargo, el foco mediático no se centró todavía en aquellas conquistas. Fueron necesarios el paso de los años y la mejora del equipamiento, que al principio estaba compuesto por alas de mosca, botas de clavos y cuerdas rudimentarias, para poder atacar los ochomiles del corazón de Asia con alguna garantía de éxito, aventuras que sí que llamaban la atención del ciudadano medio.

Lionel Terray, el genial alpinista y autor de este libro autobiográfico, tuvo la suerte de nacer en Grenoble en 1921, rodeado de las grandes montañas de los Alpes. En otras palabras, nació en el momento y en el lugar oportuno para poder aportar su talento a la historia de la exploración. Suya es la frase: hay que subir montañas porque están ahí, sencillamente por eso.

Los conquistadores de lo inútil repasa toda la vida de este escalador, desde sus comienzos siendo tan solo un niño, pasando por las grandes paredes de los Alpes en su juventud, hasta la expedición al Annapurna, que se recoge en un capítulo exclusivo que destaca tanto por su extensión como por la calidad del relato. Para terminar, el libro recopila también las posteriores ascensiones al Makalu y al Fitz Roy, así como otras expediciones en el Himalaya y en los Andes.

En esta crítica me gustaría hacer especial hincapié en la conquista del Annapurna en 1950, lo que supuso alcanzar por primera vez la cima de una montaña de más de ochomil metros. La cumbre tan solo fue alcanzada por sus compañeros Herzog y Lachenal, pero la aportación de Terray en la ascensión queda fuera de toda duda, especialmente a la hora de salvar la vida de los citados.

Las descripciones de los lugares, la tensión y las emociones de los que participaron en aquella gesta alcanzan tal dramatismo que puedes percibir el desamparo que sufrieron en las laderas de la diosa de la abundancia. El delirante descenso con severas congelaciones, las inyecciones intraarteriales del doctor Oudot, las amputaciones sin anestesia y las lluvias torrenciales del monzón terminaron por convertir la exitosa aventura en una pesadilla.

En la foto que aparece bajo estas líneas os presentamos la comparativa de la foto de cima de Herzog en 1950 y una foto de cima en la actualidad. Se pueden ver perfectamente las dos puntas que hay cerca de la cima del Annapurna detrás de las piernas de Maurice Herzog. Esto parece terminar con la polémica que circuló durante varios años en el mundo del alpinismo, porque en la instantánea de 1950 la montaña parece continuar hacia arriba, sin embargo tan solo se trató de un problema de encuadre por parte de Lachenal y de que “Momo” no se quisiera acercar demasiado al borde de la arista por miedo a que esta cediese bajo sus pies.


Como curiosidad, si buscáis Lionel Terray en Wikipedia os encontraréis con una mísera y vergonzosa página que no solo no hace justicia sino que, a los que nos consideramos amantes de este deporte, nos hace enrojecer. A veces, únicamente en los libros están las respuestas.

Celuloide

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